Aulabiología y la importancia de los recursos educativos online

 

La competencia digital es aquella que implica el uso creativo, crítico y seguro de las tecnologías de la información y la comunicación para alcanzar los objetivos relacionados con el trabajo, la empleabilidad, el aprendizaje, el uso del tiempo libre, la inclusión y participación en la sociedad.

Orden ECD/65/2015, de 21 de enero, BOE

Las competencias claves, definidas por DeSeCo en 2003, se conceptualizan como “el saber hacer” que rehúye de los modelos educativos sin aplicación práctica. Sin embargo, estas competencias, contempladas en la Orden ECD/65/2015 de 21 de enero, deben ser trabajadas de una forma consciente cuando nos encontramos en el aula, puesto que si no pueden perder su función primigenia de otorgar al alumnado de “la capacidad de responder a demandas complejas y llevar a cabo tareas diversas de forma adecuada”. Es más, el aprendizaje competencial y personalizado supone unos de los ejes transversales de la recién publicada Ley Orgánica de modificación de la LOE (LOMLOE).

Dentro de estas competencias, una de las cuales ha cobrado vital importancia en los pasados años, es la competencia digital. El desarrollo tecnológico de las últimas décadas es un hecho histórico sin precedentes que demanda de una actualización continua por parte de sus usuarios.  Es por tanto, obligación del profesorado, el proveer al alumnado de las herramientas y destrezas necesarias para que puedan desarrollar sus habilidades en este contexto digital.

Sin embargo, ¿a qué se enfrenta nuestro alumnado cuando les pedimos que utilicen dichas herramientas? ¿Beneficia el uso de los recursos en línea al proceso de aprendizaje? ¿Es internet un lugar adecuado para desarrollar esta competencia?

Cultivo bacteriano en una placa de Petri

Internet: enfermedad y cura. La dicotomía del exceso. 

Sin duda, la respuesta a las anteriores preguntas no es de solución sencilla. Internet se ha convertido en un mar ingente de información no selectiva donde no solo el alumnado, sino también la ciudadanía, pueden acceder con una simple búsqueda desde su teléfono móvil. Este hecho, que a priori parece un gran avance en la aproximación del conocimiento a la sociedad, se ha convertido en un arma de doble filo, puesto que los resultados no responden a criterios de búsqueda selectivos.

Tenemos, por tanto, una sociedad que sacia sus dudas de una forma instantánea mediante un simple click, pero que no contrasta la información encontrada. Esto es un hecho altamente peligroso, puesto que nuestro alumnado queda vapuleado a voluntad de los intereses particulares o de los contenidos erróneos existentes en la red. Además, con la incidente pandemia actual, el uso de los recursos online se ha visto acentuado por la situación sanitaria, especialmente durante el confinamiento. Por tanto, cabe preguntarse, ¿qué virus es más peligroso, el sanitario o el de la desinformación?

El virus de la desinformación y las pandemias asociadas.

Según los registros publicados por el CIS en el segundo volumen de Efectos y consecuencias del coronavirus, actualmente, tan solo el 32,5% de los encuestados estarían dispuestos a vacunarse de forma inmediata, mientras que el 8,4% no se vacunaría en ninguno de los casos. Además, el informe revela que 55,2% de los encuestados preferiría esperar a conocer los efectos. Estos datos, aunque preocupantes, son reveladores, puesto que nos alertan de diferentes pensamientos a tener en cuenta.

El primero de ellos, es que un porcentaje de la población se niega a vacunarse, siendo un reflejo del actual movimiento antivacunas. Dicho movimiento, supone un peligro no solo para las personas que lo practican, sino para la sociedad en general, ya que pueden provocar que reaparezcan enfermedades extintas en nuestro país gracias a la cartilla de vacunación. Este fenómeno supone un problema a tan gran escala, que incluso la OMS lo destacó en 2019 como una de las diez mayores amenazas para la salud.

En segundo lugar, podemos observar que un gran porcentaje de personas demandan mayor información para poder tomar sus decisiones. La ciudadanía está ávida de contenidos rigurosos de carácter biológico y es una obligación intrínseca a nuestra profesión poner a su disposición dichos conocimientos a fin de construir una ciudadanía crítica, presente y futura.

La vocación como vacuna: Aulabiología

En este último apartado, más introspectivo y personal, no intento hacer alusión a los actos de sus lectores, si no ser un fiel retrato de las acciones llevadas a cabo por su redactor. Atendiendo a los datos anteriormente expuestos, presentamos nuestra humilde propuesta: Aulabiología (https://aulabiologia.com/).

Este portal web sin ánimo de lucro pretende ser una fuente de información verídica, contrastada y actualizada en diferentes campos de la biología. Pensada inicialmente como un recurso educativo, Aulabiología contiene textos de carácter divulgativo que pueden ser utilizados tanto en el ámbito social como en el escolar. Además, cuenta con imágenes que acompañan a los artículos con licencia Creative Commons a fin de que tanto el profesorado como el alumnado puedan trabajar con las mismas sin problemas con la autoría. Por último, el profesorado encontrará una pequeña bibliografía al final de cada artículo para que pueda expandir su conocimiento u  ofrecer más información al alumnado.

Esta es, por tanto, nuestra pequeña aportación. Un minúsculo grano de arena que se difumina en un gran desierto llamado internet, pero que espera, y confía ser de utilidad. Abandonamos la visión pesimista y confiamos en esta pequeña iniciativa y sus posibilidades a fin de que, al igual que el conjunto de las acciones individuales consiguieron frenar la expansión de la Covid-19, esta pueda ayudar a hacerlo con la pandemia de la desinformación.

 

Bibliografía: 

 

Marcos Morales Peláez

Graduado en Biología

Máster en Historia de la Ciencia y Comunicación Científica

 

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