Buscando la motivación en el aula de ciencias

 

Soy profesor de Educación Secundaria. Es principio de curso. Nuevos alumnos y energías renovadas y en mi cuaderno anotaciones sobre lo que el año anterior no funcionó o lo hizo de forma poco satisfactoria para mi y para mis alumnos.

Leía en un libro -Aprendizaje dialógico en la Sociedad de la Información, de Adriana Aubert y otros autores- que cuando un paciente va al doctor quiere que éste lo “trate” según los últimos avances en la medicina y con los medicamentos que vayan a curar o paliar su dolencia, y no con métodos o técnicas del siglo pasado. Quiero suponer que cuando una madre o un padre deja a su hijo en la puerta del colegio buscan algo similar para ellos, quieren que los docentes “traten” a sus hijos de forma que lo que aprendan les haga adquirir una serie de competencias para enfrentarse a un futuro incierto con las máximas garantías de poder superar los retos que, de forma segura, la sociedad les va a imponer.

No es lo mismo un médico que un docente, pero estoy seguro de que cuando nos planteamos -que lo hacemos- el enfoque metodológico de nuestra clase, de forma natural aparece lo que con nosotros hicieron, lo que con nosotros funcionó y eso nos da cierta garantía y seguridad. Pero tampoco dudo lo más mínimo que todos y cada uno de los docentes de estos días rebuscan en la cantidad ingente de información, cursos, o como cada cual considere, otras estrategias o métodos para llegar al fin último de nuestro trabajo que será el desarrollo de una serie de competencias y el adquirir por parte del alumno, aprendizajes significativos que le sirvan para algo más que “aprobar un examen” que luego, de forma muy probable, olvidará.

Libros, estudios, redes sociales, redes de docentes o una simple búsqueda en internet puede dar hoy un conjunto de herramientas o utilidades que den respuesta a las diferentes sensibilidades o necesidades de un grupo de alumnos y así, si decidimos usar en un curso dos formas de “preguntar” -exámenes y cuestionarios tipo Kahoot- estamos dando más posibilidades a nuestros alumnos de alcanzar las tan deseadas competencias que si solamente usáramos exámenes o solamente cuestionarios contestados por el smartphone.

No me atrevo a señalar qué es “mejor” para cada alumno, para cada grupo. No me atrevo a ordenar ninguna metodología o estrategia docente por delante de otras. Simplemente y con mucha humildad hace un tiempo decidí otros enfoques que en mi caso, creo que han venido bien a mis alumnos y por supuesto a mi trabajo diario. Mi cambio fue una oportunidad. Mis alumnos -o yo- no “funcionaban” únicamente con un libro de texto y algún vídeo. En sus evaluaciones de mi trabajo expresaban cierta desmotivación o desánimo y mi percepción era que los aprendizajes que adquirían no eran del todo “útiles” para el desarrollo de sus futuros.

Cambié el libro por un blog del docente, los cuadernos de ellos por portfolios de trabajo. Reduje el número de exámenes y aumenté el de cuestionarios o pruebas online con ciertos toques de “juego”. Me traje al aula, redes sociales, clasificaciones, retos, salvavidas, puntos, insignias, cartas… y le dimos a la clase un enfoque de resolución de retos -o problemas- para ir adquiriendo capacidades a fortalezas que hagan cuplir un misión final.  Algunos autores llaman a esto Gamificación, no importa mucho el nombre y sería un error desdeñar o alabar una estrategia docente o una metodología tan solo quedándonos en los nombres. No abandoné la clase magistral ni los exámenes pero los reduje en cantidad y en tiempo.

Algo cambió en mi aula, no fue inmediato, pero la motivación y los aprendizajes significativos se hicieron mucho más patentes y creo que ahora doy mejor respuesta a mis alumnos. En ocasiones no es necesario hacer grandes cambios, no hay que ser un “experto” en TIC ni un conocedor del lenguaje HTML, no hay que volverse loco con esta u otra herramienta, no hay Bálsamos de Fierabrás en la docencia. Un poco de sentido común, quitar o reducir lo que creemos que funciona peor y sustituirlo por algo que cumpla mejor los objetivos que nos planteamos en nuestras programaciones, que no olvidemos son el desarrollar, por parte de nuestros alumnos, de una serie de competencias con la vista puesta  en el futuro.

Actualmente estoy iniciando andadura con un Proyecto un poco mejorado de http://retoscientificoslaroca.blogspot.com/ por el que fui reconocido con un sello de Buena Práctica Educativa y donde se puede ver la forma de funcionar respecto a Blogs, Insignias, Clasificaciones, Retos, etc….  Si te interesa este nuevo proyecto aparecerá en breve por mi cuenta de Twitter (@martinnunez).

Guía de trabajo en el aula

A modo de ejemplo dejo una idea de cómo trabajamos en nuestra clase.

  • Antes de nada, a principios de curso, hay que establecer una Hoja de Ruta, una Narrativa y una Mecánica de trabajo:

 

  • Partimos del decreto que establece los contenidos a trabajar, los criterios de evaluación y los estándares de aprendizaje evaluables. Estamos por ejemplo en el Bloque 2:

 

  • En la clase trabajamos en tema a tratar mediante vídeos, textos, debate, coloquio, explicaciones del profesor y a posteriori se le manda un reto desde el blog del profesor para que el alumno haga la tarea propuesta en su blog (Cuaderno de Clase).

 

 

  • Cada semana un reto, puntos y badges. Cuestionarios con Kahoot, Quizlet, Quizziz, formularios de Google, carpetas compartidas, documentos compartidos y los alumnos van “creciendo” en aprendizajes y en puntos y/o habilidades:

 

  • También hay trabajos en grupos que en ocasiones se convierten en retos épicos como por ejemplo dar una clase sobre el Universo en un colegio de primaria:

 

En definitiva, aprender de una forma más participativa, con estrategias de gamificación y con una muy buena acogida por parte de alumnado y familias.

 

Martín Núñez Calleja

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